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DÍA DEL PADRE (CUENTO)

   



   El gran portón del penal se abrió lentamente, el guardia observó a Dionisio y lo saludó con un gesto de su mano, el hizo lo propio y salió hacia la calle. Ya estaba libre.
   El caserón del barrio de Flores propiedad de su madre se encontraba abandonado desde que ella falleció tres años antes de que él cumpliera su condena. Tomó las llaves que el abogado le entregó y abrió la puerta que chirrió como si fuera un efecto de una película de terror.
   Dionisio ingresó y los pocos pasos se encontró con una enorme rata que salió de la nada y pasó por delante suyo. Y si bien él estaba acostumbrado ya que no venía de un hotel 5 estrellas precisamente no pudo evitar lanzar un insulto al aire.

   -¡La puta que te parió bicho de mierda!-gritó con bronca.

   Se dirigió a tientas hacia la sala y cuando estuvo allí acomodó su vista a la oscuridad y de inmediato recordó a su madre tocando el piano que ahora se encontraba en un estado lamentable, éste se había arruinado por el polvo y la suciedad. Otro tanto ocurría con el gran sillón de dos cuerpos donde a Dionisio se le vino al instante el haber pasado allí su última noche abrazado a Clarisa, su amada novia. 
   
   Su madre había viajado por trabajo a Uruguay y él aprovechó para estar ese par de días en los que ella se ausentaría con la persona que más amaba en su vida. Recordó al instante lo intenso que fue hacer el amor con ella como si aquella fuera la última noche que estarían juntos. 

   Y fue la última noche que estuvieron juntos...

   Dionisio era hijo único de madre soltera, no conocía a su padre y salvo por algunas averigüaciones que él hizo sin que ella supiera ya que nunca quiso contarle nada de su progenitor, poco pudo saber de él y  desistió del intento en poco tiempo ya que no poseía ni siquiera una foto que pudiera ayudarlo a ubicarlo y entender el porqué los había abandonado.
   Pero aquella noche, la última antes de ir preso, algo sucedió que cambió su vida para siempre.
   Habían acabado de hacer el amor con Clarisa de una forma descenfrenada por tercera vez en menos de una hora y los dos estaban exhaustos quedándose dormidos en el sillón abrazados.
   De pronto, alguien golpeó la puerta del caserón de Flores y al ver que no respondían lo hizo con más fuerza hasta que Dionisio depertó y zamarreó a Clarisa.

   -Despertate nena, debe ser mi vieja que se olvidó la llave, ¡Dale, vestite!

  Clarisa se puso la bombacha, los jeans, la remera color flúo y su par de zapatillas blancas y en tiempo récord acomodó los almohadones del sillón golpeándolos hasta que tuvieran un aspecto presentable y se quedó parada al lado de él esperando a que su suegra ingresara a la sala.
   Dionisió mientras tanto salió disparado hacia la puerta de entrada y respondió al llamado de la puerta:

   -¿Má sos vos?
  
   Del otro lado no respondieron, entonces el joven decidió abrir la puerta.

   -Buenas noches-le dijo un hombre con pelo entrecano y de unos 60 años.
   -¿Qué busca?
   -A vos Dionisio, soy tu papá, ¿puedo pasar?

   Al principio Dionisio se quedó en silencio hasta que se repuso un poco de la sorpresa y respondió:

   -Pase.

   Clarisa escuchó la voz de un hombre y supo que no era su suegra la que había llegado entonces se acercó a la puerta de entrada.

   -¿Ella es tu novia?-le preguntó el presunto padre.
   -Si-respondió Dionisio dubitativo.
   -Eres muy bonita-la aduló.
   -Gracias-respondió ella-, usted es...
   -El padre de Dionisio, mi nombre es Osvaldo Ramos.

   Dionisio permanecía tieso y en silencio, evidentemente estaba conmocionado.

   -Pase-le dijo Clarisa-. ¡Dionisio!-le gritó ahora a su novio que seguía como en trance.
   -Si si-tartamudeó Dionisio-, pase por favor.

   Al ingresar el hombre le echó un rápido vistazo a la casa.

   -Está casi igual como la última vez en que...
   -Decidió abandonarnos a mi madre y a mí-se anticipó Dionisio con un dejo de rencor.
  
   Su supuesto padre no respondió.

   -¿Y a qué vino?-le preguntó ahora Dionisio en un tono más despectivo.
   -Alguien me dijo que estuviste buscándome y...
   -Eso fue hace mucho tiempo.

   De pronto Osvaldo sacó de entre sus ropas un arma y les apuntó.

   -¿Pero que está haciendo?-preguntó con asombro Clarisa.
   -Usted no es mi padre-intervino Dionisio ahora mirándolo al tipo con terror.
   -Sí que lo soy. Acabo de salir de prisión y vine a ver a la puta de tu madre para pedirle unos pesos.
   -Usted es un...
   -¿Delincuente?, pues si lo soy. Estuve más de veinte años en la cárcel por culpa de esa perra.
   -¿Qué le hizo ella? 
   -Vos sos la respuesta.
   -¿Usted la violó y embarazó?
   -Y no sabés lo que disfruté al hacerlo. Y ahora tengo ganas de hacer lo mismo con tu novia, dale nena desnudate.
   
   Desesperado, Dionisio intentó arrebatarle el arma a Osvaldo pero no lo logró y éste le apunto directo a la cabeza.

   -Ahora vas a morir bastardo-le dijo a su hijo-, y cuando se disponía a consumar su amenaza Clarisa se interpuso y el disparo dio en su corazón matándola en el acto.

   Desencajado, Dionisio se abalanzó sobre su padre, lo tiró al piso, y esta vez pudo sacarle el arma a la que arrojó lejos. Luego se acercó a su novia y constató su deceso. Osvaldo con sangre en la comisura de sus labios lo observaba sonriendo y Dionisio volvió a abalanzarse sobre él golpeándolo tan salvajemente que terminó por matarlo. 

   Llorando tomó el teléfono y dio aviso a la policía que poco tiempo después rodeó la casa. Dionisio se entregó sin oponer resistencia.

   Intentó encender la luz de la sala pero la electricidad estaba cortada, buscó un papel, lo enrolló y lo encendió. Fue hasta donde se encontraba el tablero con  el disyuntor y la térmica y subió la tecla. Para su suerte la compañía eléctrica no había cortado la energía.

   Se dirigió ahora a la cocina, el polvo y la suciedad lo dominaban todo, abrió una de las alacenas y alargo su brazo para alcanzar algo que su madre había escondido muchos años atrás:

   -Si corrés peligro buscá en el fondo de la alacena-recordó Dionisio-, dejé encintada una 22 que me regaló tu tío para defendernos por si pasa algo.  
    
   Dionisio sonrió tristemente.

   -Defendernos por si pasa algo-se dijo en voz alta-. Y vaya que pasó-sentenció-, me pasó la vida por encima...

   Unos meses después un vecino llamó a la policía, del viejo caserón abandonado provenía un olor insoportable.

   Olía como a muerte...
    
    
   


   
   
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