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OTRO PLANO (CUENTO)

   

   

   El hospital estaba lleno de gente. En la guardia los médicos intentaban salvar la vida de un paciente.

   -Utilicen el disfibrilador-ordenó el médico.

   -Abranle el pecho y masajeen su corazón-dijo otro facultativo.
   -¡No hay pulso!-gritó la enfermera.
   
   Pasaron varios minutos y nada pudo hacerse.

-La muerte se produjo a las 23:15-comentó el jefe de guardia-, iré a comunicarle a la esposa, luego firmaré la partida de defunción.

   
   Sonó el teléfono en la casa de Villa Lugano, eran las 23:15 de un sabado de otoño.

   -¿Hola?-contestó el dueño de casa.

   -Soy Valeria.
   -Ah vos,-respondió Alejandro-. ¿Que querés?
   -Verte.
   -Ahora no puedo, estoy estudiando.
   -Dale Alejandro, necesito que me escuches.
   -Chau Valeria.

   El médico salió al pasillo y de inmediato Valeria se acercó a él


   -Lo siento mucho señora-dijo el médico-, su marido no resistió y...


   Ella estalló en llanto...


   En la universidad Valeria esperó a que Alejandro llegara y lo enfrentó.


   -¿Otra vez vos? 

   -Es la única forma que encontré para que hablemos.
   -Ya está todo dicho, te vas a casar con Leandro.
   -No si vos me pedís que no lo haga.
   -No lo voy a hacer, el es mi amigo de toda la vida.

   Alejandro fue llevado por dos camilleros que lo despositaron en la ambulancia de la cochería.


   La iglesia estaba atestada de gente, Valeria y Leandro se veían felices por cumplir el sueño que tenían desde la secundaria, unos metros más atrás Alejandro observaba la escena impávido.


   -Firme aquí-dijo el empleado de la funeraria a Valeria.


   Ella estampó su rúbrica y comenzó a llorar nuevamente.


   El Padre Daniel bendijo los anillos y poco después los declaró marido y mujer. Se fueron en un auto alquilado especialmente para la ocasión. Se sacaron unas fotos en un parque cercano y luego se dirigieron a la fiesta.


   La casa velatoria estaba repleta de gente, el recién fallecido gozaba de un gran respeto y cariño por todos. Había sido un buen tipo. 


   Los novios ingresaron al salón para disfrutar de su fiesta de casamiento, fueron recibidos con un fuerte aplauso por los asistentes incluido Alejandro que fue uno de los primeros que se les acercó y los abrazó.


   -Felicidades, los quiero mucho-expresó emocionado.

   -Nosotros también a vos-respondió el novio.

   Al día siguiente del velatorio, los restos de Alejandro fueron llevados al cementerio del sol distante a 20km de dónde residía.

Su esposa Valeria, su pequeño hijo Niceto, y su madre Lara iban en el primer auto. Detrás el cortejo acompañaba con sus autos particulares. Al llegar, el padre Daniel esperó el ataúd en la pequeña capilla para darle el último adiós a una persona a la que había querido mucho.

   Valeria y Alejandro bailaban el vals mientras el fotógrafo retrataba la escena para la posteridad. De pronto el flash de la cámara los encegueció a los dos y poco después ella se encontró al lado de un féretro rodeada de mucha gente conocida. Comenzó a marearse y cayó desmayada.


   Al volver en sí, su marido y varios invitados a la boda estaban proporcionándole agua que ella bebía de a pequeños sorbos.


   -¿Estas bien mi amor?-le preguntó su marido.


   Ella lo observaba extrañada y sin responderle. Hasta que en un momento preguntó por Alejandro.


   -¿Quién es?-le dijo su marido.

   -Nuestro mejor amigo-respondió ella.
   -Evidentemente aun te dura el mareo y no puedes volver totalmente a la realidad. ¡Por favor llamen a un médico!

   Alguien llamó al SAME, un rato después dos paramédicos estaban atendiendo a Valeria. Uno de ellos le pareció conocido.


   -Pero usted es el que me dijo en el hospital que mi marido había muerto.

   -Señora-respondió el medico-. Su marido está aquí a su lado.
   -¿Dónde está Alejandro?-preguntó ella.

   El padre Daniel aun muy conmovido terminó con la ceremonia, agachó la cabeza y posó su mano derecha en el féretro. Poco después seis hombres entre familiares y amigos tomaron una manija del ataúd y comenzaron a caminar hacía la tumba. Uno de ellos era Leandro.


   Detrás y en primera fila Valeria, su hijo y su suegra con un ramo de flores seguían al féretro en un silencio que solo se cortaba con el llanto.


   Los paramédicos le aconsejaron a su flamante marido Leandro llevar a Valeria al hospital para realizarle algunos estudios, si bien y en lineas generales su estado era óptimo seguía delirando y llamando a una persona que nadie conocía: Alejandro.


   Los sepultureros esperaron que el ataúd llegara hasta el fondo del pozo con la máquina encargada de esa tarea y comenzaron a echar tierra. Los asistentes arrojaban flores, comenzó a lloviznar.


   Valeria ingresó al hospital y fue llevada a la guardia, un par de horas después salió y se sentó en el hall a esperar que Leandro venga a buscarla. Su flamante esposo había ido a retirar unos estudios que el doctor había pedido con urgencia.


   De pronto se abrió una puerta y de ella salió el médico que la había atendido en el salón de fiestas.


   El doctor salió al pasillo y de inmediato Valeria se acercó a él


   -Lo siento mucho señora-dijo el médico-, su marido no resistió y...


   Unas horas después Valeria fue internada en un Neuropsiquiátrico debido a que no podía disociar las realidades que vivía.


   Seguía preguntando por Alejandro aun vestida de novia...




 Su mente se encontraba en otro plano...







  


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